Ellos si que tienen fuerza, ellos si que tienen aguante, ellos si que tienen convicción plena en la pasión de sus hijos. Ellos sufren, ellos disfrutan y viven los éxitos casi más que los hijos. Y los fracasos.

Si, por supuesto. Hablo de los padres de pilotos. Generalmente las madres andan escondidas detrás de los boxes (porque no pueden ver las carreras de sus criaturas por la tensión) y los padres a pie de pista soltando gritos de ánimo y júbilo con cada posición ganada.

Así es, son así. Cada uno con sus matices, pero son así, vuestros mejores fans, pilotos, vuestros padres.

Además, vienen casi todos de serie con una dosis de estoicismo en sus venas superior a la media humana. Aguantan los improperios hacia sus hijos con ese conocimiento y serenidad que tienen que transmitir a sus cachorros, por el bien de su tranquilidad.

Como ya leisteis en un comentario que puse en Facebok, estuve apoyando a nuestro piloto Motoadictos en las carreras clásicas de Xàtiva, Salvi Miquel.

 

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Allí estaba la familia Miquel, padres, hijo y amigos. Con su carpa, su mesa de camping, su moto, sus bocatas y su herramienta para hacer su carrera. El padre no paraba de aquí para allá, arreglando piezas, puliendo detalles.

Que si un tornillo aquí, que si la tapa del piñón roza, que si coge temperatura…

 

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 Yo sólo me dediqué a observar, curiosear tratando de molestar lo menos posible. Salva, el piloto, se sienta. Me quedo en pie junto al padre mientras ajusta la moto. Alguien viene y ante la queja de que la moto no corre como debiera, hace un comentario dejando caer que igual el piloto no entra con velocidad suficiente en la última curva.

 

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 El padre, que estaba conmigo dejo escapar de sus labios casi cerrados al aire y sin ánimo de que nadie lo oyera (sólo para liberar presión de progenitor): ¿Que le falta velocidad en curva, que le falta velocidad?. Lo que pasa es que la moto no va cara al aire…

 

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Salva luego hizo los entrenos. Mientras que el piloto, como todos sus compañeros, intentaba mantenerse en pie en la pista de patinaje que es Xàtiva, me comentaba lo bien que lo estaba haciendo su hijo. Y no era mentira, lo hacía de fábula.

Enseguida me contó que a Salva, una vez se le caló la moto en una salida de una carrera. Y que los que estaban detrás de el de público, se rieron. Me dijo que se giró y les dijo: – Si tan fácil lo ves…¡ponte el mono y coge su moto!.

– Yo es que no entiendo que no respeten a todos los pilotos que se meten en una carrera – me decía. Y razón no le falta; es lo que siempre he dicho, respeto.

 

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 Y la procesión va por dentro. Aguantando los nervios. Y luego vino la carrera. Y Salva, acabó dos puestos mejor de lo que había salido, lo cual ya es meritorio. Y alguien vino y le dejó caer:

– La próxima carrera tú lo que tienes que hacer es engancharte al de delante, enroscar el puño y ya está…

Y el padre de Salva, que estaba a mi lado, con esa faceta de ventrílocuo que desconocía de el dijo: Si claro, ya está. Hazlo tú si es tan fácil, vamos hombre, el próximo día te subes tú.

Y yo ya no pude evitar reirme porque el estoicismo con el que el hombre aguantó todo el día de carreras de su hijo no tiene parangón.

O si, si que lo tiene, ya lo creo que lo tiene. Cada categoría que se sube, los padres tienen mayor nivel de aguante. Aguantan los de la LEM, aguantan los del CEV, aguantan los de SBK y aguantan hasta los del mundial.

Que a más de uno conozco y son una auténtica pasada, no sueltan prenda en público, que tíos.

 

padjor

 

 Yo ese problema no lo voy a tener. Porque no pienso forzar nada a mis hijos para que sean pilotos. De hecho, prefiero que sean pianistas, compositores, escultores…

…pero no se podré aguantar que alguien se meta con sus esculturas o música, jeje.