En todos mis años como motero los he visto de aquí para allá. De hecho lo reconozco, yo también he sido uno de ellos. Al haber colaborado con concesionarios/talleres, los veo día a día. Son una especie, parte del mundo motero. Y si eres un buen motero, seguro que sabes de quién hablo.

 

Hay teorías acerca de su procedencia. Algunas afirman que estas personas, de tanto ir al taller, al final se quedan a vivir dentro. Yo soy más de la teoría que estas personas forman parte de los catálogos de empresas como Hesperia, Dream Machine o Wurth de recambios de moto.

 

Y cuando decides montar un taller de motos, llamas y solicitas tus herramientas, tu banco de trabajo, tus extractores de humo, tus elevadores, etc y tu “cliente parlanchin”. Y lo eliges a tu gusto. Te lo dejan preparado y listo para usar. Tú sólo tienes que abrir la caja y el tipo empieza a hablar sin cesar…Forman parte del taller.

 

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Es indiscutible que el cliente parlanchin da juego, hace compañía y te trae a más clientes amigos o conocidos. Generalmente, los talleres suelen aprovechar las promociones y compran paquetes de oferta de “clientes parlanchines apalancaos” y cada taller tiene mínimo tres o cuatro. Y es lógico, tienen que cubrir todos los espectros moteros.

 

El más habitual (o estándar) es el “cliente parlanchin racing” que suele ser un tío joven, que está en el paro o tiene un trabajo con turnos que le permite ir a dar la brasa a su taller hablando de lo rápido que va en las zonas de curvas y dando la paliza para mejorar su máquina.

 

A continuación tenemos al “cliente parlanchin comercial”. Pues eso, comercial, autónomo o profesional cualificado nivel 5 que entre visita y visita pasa por su taller a ver a sus mecánicos y almorzar con ellos, hablar de GGPP o a comprar “chuches”.

 

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En el momento en el que se juntan dos clientes parlanchines, la productividad del taller baja un poco porque constantemente requieren de la aprobación de los mecánicos en sus afirmaciones. Y esto rompe la media. Por ejemplo:

Cliente 1: Cuando nos vamos por ahí de ruta ¿a que yo con mi moto voy a saco? Y ahora cuando le ponga un escape van a flipar (mirando al mecánico)

Cliente 2: Él (refiriendose al mismo mecánico) vió mis ruedas en la última salida ¿a que a mi me duran las ruedas 3.000 Km de lo rápido que voy?

Y así constantemente y de forma repetitiva.

 

También hay talleres que piden el “cliente parlanchin pureta”. Este le da caché al taller, ya que el cliente en cuestión puede contar todo tipo de batallas, mirar por encima del hombro a los demás clientes parlanchines y lleva unos extras incorporados que los otros no tienen ni por asomo. Como por ejemplo, hablar de política, tener la razón absoluta, “aquello sí que eran carreras” y el famoso “aquello sí que eran motos…

 

 

 Si se juntan los tres clientes parlanchines al mismo tiempo, las horas de taller fluyen. Ellos miran como trabajan los mecánicos mientras hablan y sueltan algún chascarrillo a los profesionales para alegrarles la mañana. Nadie molesta, el taller rinde al 100%, el taller vuelve a funcionar de modo normal porque se arrinconan ellos mismos (generalmente cerca de los calendarios de señoritas en pelotas) y hablan de modo que sus voces se funden con el ruido de la herramienta y los motores. Pura poesía de taller.

 

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Y tú…¿Qué tipo de cliente eres?.

 

PD: Con todo el cariño del mundo a los que son los pilares de los talleres de motos, los clientes que ya son amigos y que nos contamos nuestras penas y alegrías.