La salida desde Valencia fue el sábado después de cenar con amigos y mujeres que nos despidieron en plan expedición militar hacia Bosnia, todos diciendo adiós mientras la caravana salía hacia Alemania, je. Salimos a la 1 de la mañana.

Para el viaje usamos unos walkie-talkies de esos baratos del Lidl para hablar del coche a la furgoneta y nos vinieron de fábula, tienen mucho alcance y se hace más llevadero el viaje, todo el rato soltando paridas.

La mejor anécdota del viaje es nada más llegar al primer peaje de la autopista en Sagunto: Control nocturno de la Guardia Civil. Pasamos con el coche, nos apuntan los agentes con la linterna:

– ¿A donde van?.

Respuesta: Nos vamos a Alemania.

¿A Alemania?, continúen.

Detrás los dos amigos con el furgón.

– ¿A dónde van?. A Alemania.

– ¿Con esos de delante?.

– Si. ¿Qué llevan ahí detrás?.

– Respuesta: Cinco motos.

– ¿Cinco motos?.

– Si, es que nos vamos a un circuito en Alemania…

Mirada del señor agente como diciendo: ¡La madre que os hizo, que taraos! y a continuación un:

– Ale, circulen, circulen y vayan con cuidado…

A todo esto, un amigo que estaba tumbado durmiendo cinco minutos en el asiento trasero, se despertó y dijo ¿ya estamos en la frontera?. Fascinante como se pierde la noción del tiempo cuando se duerme, jeje.


Creo que en el viaje nos bebimos nosecuantos litros de agua, nosecuantos de RedBull, nosecuantos de café, otros tantos de aquarius y otros tantos de Monster (ojos rojos de tantas horas de coche/furgón seguidas)


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Llegamos a Baden Baden el domingo a las 19, tremenda paliza de viaje, pero claro, con el furgón íbamos a 100 Km/h de media. En el hotel, descargamos y aparcamos motos y a dar una vuelta para estirar las piernas.

Cerca del hotel, en uno de los numerosos parques de Baden Baden, había un concierto y todos habríamos prometido que era el mismísimo Phil Collins. Al llegar alucinamos porque era un imitador, pero sonaba igual que los Génesis. Así que decidimos meternos nuestra primera ración de “salchichen” en mitad de todo ese sarao alemán. Luego un paseo corto por la ciudad y a pesar de lo poco que vimos, es muy bonita, para volver con la churri. Después del paseo, enseguida a dormir que al día siguiente había que “pilotar” en la B500.

 

El lunes salió un día perfecto, soleado y con unos 24º, perfecto para ir en moto. Llegamos a la B500 y nos quedamos sin palabras. Lo que decía la revista MotoViva se quedaba corto. Vas en medio de la selva negra, bosque, pinos y más pinos de muchos metros de altura y muy frondosos, ¡¡solo ves verde!! . 

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Está situada a unos 1.100 metros de altura, la carretera es muy ancha, con muy poco tráfico (quizá porque era lunes), de asfalto abrasivo y con un trazado de velocidades medias absurdas, esto lo digo en serio, de locura. Encima, quitando una curva (la única de doble radio), las demás son abiertas y con visibilidad. Cuando te das cuenta, estás estirando tercera, miras el velocímetro y pone 200, así que imaginad cuando pones la 4ª. En un abrir y cerrar de ojos, habíamos hecho los 57 Km y estábamos en Freudenstadt.

 

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Paramos a hacer unas fotos y a revisar gomas. Las BT016 están como cuando ruedas en circuito, achicharradas por los lados y arrugadas de tanta tracción. Así que fuimos de nuevo a Baden Baden para hacerlo de vuelta. Otra vez lo mismo, pero de bajada. Curvas amplias, amplias y cuando te das cuentas, miras el marcador y estás con rodilla en el suelo a 160 Km/h y la moto ni se mueve, ni un solo bache. Un auténtico escándalo.

 

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Llenamos en la gasolinera de Baden Baden y vuelta a subir a todo trapo. Paramos en un lago a comer con el horario alemán, a las 12 más o menos. De aquí, miramos el mapa y nos dimos cuenta que estábamos relativamente cerca de los lagos Titisse y Schluchsee, así que partimos hacia allí.

Cruce de caminos, ¿por donde tiramos?. Todas las carreteras tienen una pinta fabulosa… 



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Aquí con la típica señal de: ¡Peligro, moteros tumbando!, jejeje (realmente creo que es Cuidado motero, no hagas rectos):


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Aquí las velocidades bajaron a 50 Km/h de media y no porque la carretera fuera mala o estuviera la “Polizei”. En realidad fue así porque era imposible ir a más velocidad viendo los paisajes que recorríamos.

Casas de madera perdidas en las laderas de las montañas, niños bañándose en los ríos, idílico total. Pero no llegamos a alcanzar el Lago Titisse ya que tras recorrer bastantes Km sin ver una gasolinera, la autonomía de la HyperMotard nos hizo pensar que habría que empujarla, así que tuvimos que volver a Baden Baden.


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Sigue la historia en viaje a Nurburg III...